Seguridad en el roofing: cómo verificar quién capacita a tu equipo
Cómo verificar y adaptar la capacitación
Contratar a alguien para impartir una capacitación de seguridad no garantiza, por sí solo, que el equipo reciba la preparación que necesita. Antes de inscribir a los empleados, los contratistas deben verificar que el instructor esté autorizado para ofrecer el curso y que su experiencia corresponda al trabajo que realiza la compañía.
“Una cosa es poder hablar de un tema en particular de seguridad y otra cosa es que tú puedas entrenar a un equipo”, dice Lorna Rojas, quien trabaja en el desarrollo de equipos y cuenta con 20 años de experiencia en la industria.
Para ella, los contratistas deben distinguir entre alguien que conoce un tema y una persona autorizada para impartir cursos como OSHA 10 u OSHA 30.
El primer paso, recomienda, es pedir al instructor su tarjeta de autorización. “La tarjeta siempre tiene el nombre de la persona y la fecha de expiración”, afirma Rojas.
La verificación importa porque una tarjeta física puede no reflejar el estado actual de la autorización. “Una persona puede tener una tarjeta que se la den por cinco años. Pero si esa persona falla o ha cometido alguna infracción, OSHA le puede suspender la licencia”, explicó Rojas, por eso, los contratistas pueden pedir al instructor un enlace para confirmar su estatus o consultar el registro correspondiente de OSHA.
También aconseja revisar qué documento recibirán los empleados al terminar la capacitación. Rojas advierte que algunos programas ofrecen un certificado, pero que los cursos OSHA 10 y OSHA 30 entregan una tarjeta con los datos del participante y del instructor. Antes de pagar, los contratistas pueden preguntar qué incluye el curso y qué acreditación recibirán sus empresas.
Qué preguntas hacer al instructor
La selección no termina con la autorización. Rojas recomienda preguntar qué experiencia tiene el instructor en seguridad dentro del sector del techado. La construcción abarca distintos oficios, y un instructor que conoce los riesgos específicos del roofing puede relacionar mejor la capacitación con las condiciones que los trabajadores encontrarán en una obra.
La capacitación, afirma Rojas, no debe solo ser un trámite. “Cada compañía tiene que tener un programa de seguridad, no solamente enviar a tu empleado al OSHA 10 o al OSHA 30”, dijo Rojas. El objetivo debe ser que la seguridad forme parte de la manera en que opera la compañía, no que los empleados tengan una tarjeta que solo se presenta cuando alguien la solicita.
Para desarrollar un programa útil, la empresa debe analizar sus propias operaciones con un instructor calificado. Entre los factores que pueden influir están el trabajo residencial o comercial, los sistemas que instala la compañía, el número de empleados y la experiencia de cada uno. Un trabajador nuevo puede necesitar una explicación distinta a la de un instalador con años en el oficio.
Por eso, Rojas sugiere que el dueño converse con el instructor sobre los desafíos reales de la empresa antes de organizar las clases. Si hay riesgos o procedimientos que se repiten en los proyectos, la capacitación puede incorporar esos temas. Así, los empleados reciben información que pueden relacionar con su trabajo, en vez de una presentación general que no responde a las condiciones de la compañía.
Rojas también recomienda que los nuevos empleados reciban capacitación básica de seguridad al incorporarse, como OSHA 10. Para ella, ofrecer esa preparación desde el inicio ayuda a que conozcan los riesgos y las prácticas esperadas en la empresa.
El programa de seguridad puede fortalecer la reputación de una compañía
Además de proteger al equipo, un programa de seguridad consistente puede fortalecer la reputación de una compañía y ayudarla a competir por ciertos proyectos, incluidos trabajos comerciales o gubernamentales que pueden establecer requisitos de capacitación.
Elegir con cuidado a quien capacita al equipo requiere tiempo, pero permite que la inversión responda a las necesidades reales del negocio. Para Rojas, el primer paso es verificar al instructor; el siguiente, trabajar juntos para que la seguridad se integre a las operaciones cotidianas.
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